sábado, 27 de abril de 2013

Cuba: diario de viaje (día 12)

-- 3 de abril de 2013 --
(Escribe Juan)

Salimos de casa de Virginia después de un gran desayuno y de una conversación en la que acabamos viendo los títulos de su actual pareja, (ingeniero, varios másteres y licenciado en ruso y en inglés) y saber que cobra poquísimo al mes. Salimos en busca de la oficina de Cubacar y aunque llegamos a las nueve y esperamos hasta las 9.15 allí no apareció nadie… así que como no había nadie nos fuimos hacia Cayo Santa María, la odisea de encontrar una habitación o dos. 

Paramos en Villa las Brujas y un Bongalow sin vistas para dos personas nos costaba 79 CUC con el desayuno incluido, pero la chica de recepción nos dijo que is íbamos a cualquier "buró" de cualquier hotel podíamos conseguir ofertas mejores. Así que salimos y entramos en el siguiente hotel, Iberostar Ensenachos. Cinco estrellas (y dos cometas). En la puerta nos dieron el alto, nos preguntaron dónde íbamos y nos tuvieron esperando un rato hasta dejarnos pasar. Nos dijeron que en la entrada nos esperaba alguien con camisa verde. 

No sé muy bien qué decir, aquello es el máximo de los lujos y después de haber visto Cuba, viniendo de haber dormido en Caibarien, aquello era como otro mundo, de hecho es otro mundo, no es Cuba… 

Bueno allí estaba Yebriel (creo) que nos asesoró sobre precios, nos acompañó a Villa Brujas y nos hizo las reservas dedicándonos su tiempo durante casi toda la mañana (un saludo si alguna vez nos lees) 

Pues lo dicho, le dedicamos toda la mañana a conseguir una habitación en Villa las Brujas, un pequeño resort gestionado por el gobierno cubano (Marina Gaviota) muy bonito, pero sin los excesivos lujos del Ensenachos. 79 CUC por noche con desayuno y con una comida o una cena un bungalow para dos. 
(Playa Las Brujas desde el balcón del restaurante del hotel... ¡Espectacular!)

Lo que hicimos entonces fue comer y después Gema y yo nos acercamos otra vez a Caibarién a ver si conseguíamos solucionar lo del coche. Bueno, en realidad no fue así, mientras comíamos en el restaurante del hotel pedimos una tarjeta de teléfono para poder llamar a Cubacar y nos la dejó Randy, un camarero. Llamé con la intención de solucionarlo por teléfono pero por más que lloré y regañé no conseguí solucionarlo. Me dijo que era obligatorio ir a una oficina. Entonces cabreado, decidí que volvía a Caibarién a solucionar este problema. Gema me dijo que me acompañaba y dejamos a Raúl y a Belén disfrutando de la playa del hotel. 

Según salimos del hotel había alguien haciendo autostop y paramos. ¿Dónde vas? –A Caibarién. –Sube, vamos para allá. 

Hasta Caibarién hay más de 30 km de carretera de isla en isla (de cayo en cayo) y durante ese tramo fuimos hablando con nuestro autoestopista. Se llamaba Mandiel, Mandy, trabajaba como animador en una de los hoteles del cayo y es otra de las muchas personas formidables que he conocido en Cuba. Al contarle donde íbamos se ofreció a acompañarnos a la oficina de Cubacar y ¡Sorpresa! Estaba cerrado y había una nota y un teléfono. Mandy al ver el teléfono nos dijo que era prefijo de Remedios, una localidad cercana que él conocía y que sabía donde estaba la oficina de Cubacar... y que nos acompañaba que no era problema porque a diferencia de otros turistas y otros cubanos que iban solo nosotros le habíamos parado. 

Fuimos hasta Remedios, paramos en la oficina y allí estaba abierto. Había un hombre hablando por teléfono y cuando colgó me dijo que estaba atendiendo a otro cliente así que salí y Mandy me invitó a una cerveza. Luego el señor de la oficina nos dijo que teníamos que esperar al día en que acababa el contrato para poder ampliarlo y nos dio la dirección de la central de Santa Clara ya que le dijimos que teníamos intención de ir por allí el día cinco. 

Bueno, tras esto Mandy nos acompañó de vuelta a Caibarién, nos ayudó a comprar fruta, pasamos por casa de sus padres a dejar su mochila, conocimos a su madre y a su sobrino, después fuemos a por la fruta y a por comida a el Rapidito que hay junto al cangrejo… y después le dejamos en su casa y al despedirnos no aceptó que le diéramos una propina. ¡Eres grande Madiel! Me alegra haberte conocido, ojalá te vaya muy bien en la vida, a ti , a tu mujer y a tu hijo. 

Así que dejamos a Mandy y tristes nos volvimos a Villa las Brujas. Cuando llegamos Raúl y Belén estaban en el Jacuzzi sobre el mar y nos metimos un rato con ellos, luego cenamos con parte de lo que compramos con Mandy en Caibarién y nos fuimos a dormir a las 22.30, pocas veces me he ido tan pronto a dormir.

Ah! Lo olvidaba... Junto al hotel había una marina y allí dejamos apalabrada una sesión de buceo, iban a ser dos inmersiones, una primera para ver nuestro nivel ya que no teníamos ninguna certificación y una segunda a algo más de profundidad si el nivel era bueno... Mañana toca disfrutar de esa pedazo de playa por la mañana y bucear mucho por la tarde...


Cuba: diario de viaje (día 11)

-- 2 de abril del 2013 --
(Escribe Juan)

Noche horrible de mosquitos, se cebaron con nosotros. Desayunamos en cuanto pudimos porque tuvimos que esperar a que llegara María en la guagua y los alemanes y los polacos ya estaban en su mesa y los atendió primero. Luego llego un grupo de gente, entre ellas Juan Ernesto, un chico músico con el que había hablado la mañana anterior. Traían instrumentos, dos guitarras, unas maracas (güiras) y un contrabajo. Resulta que era el cumpleaños de Ernesto y querían anunciar una fiesta que iban a celebrar esa noche. Uno de ellos, juraría que se llamaba Roberto, nos pidió una canción y yo dije que Hasta siempre Comandante y después pidieron otra canción y pedimos la de Cha Cha Cha. Luego cantaron varias canciones más entre ellas Playa María y sacaron a María abailar… en fin, que el desayuno fue ameno y divertido. Al pagar Adis, la otra camarera nos dijo que no podíamos irnos de Cayo Coco sin ver Playa Pilar, una de las mejores playas del mundo. 

Total que fuimos a Cayo Guillermo, a Playa Pilar y efectivamente es una de las 8 playas mejores del mundo, allí pasamos la mañana. Nos sentamos en una tumbona entre dos grupos de personas y esperamos a que nos vinieran a cobra pero probablemente se pensaron que ya nos habían cobrado y por supuesto no fuimos a pedir que nos cobraran. 
Paseamos por la playa y Raúl y yo nos pusimos las gafas y buceamos un poco. Volviendo de nuestro buceo vimos de cerca, casi al alcance de la mano, una barracuda de buen tamaño (quizá un metro de largo). Luego pedimos unas cervezas, a excepción de Gema que prefirió un coco. 

De playa Pilar hay que decir que si que podría ser un de las playas más bonitas del planeta, aguas color turquesa, dunas largas, poca gente (hasta que llegaron varios autobuses desde hoteles cercanos…) ciertamente hicimos genial en ir a verla. 
Recogimos y en la gasolinera a la salida de Cayo Coco nos tomamos unos bocaditos de queso y unas pizzas de chorizo y queso. 

Luego pasamos por Morón porque queríamos ampliar el alquiler del coche, pero al llegar a la oficina de Cubacar el encargado nos pidió que lo hiciéramos más adelante porque tenía problemas con un coche y la policía (había allí varios coches de policía y parecía que tenían jaleo), así que nos fuimos. 

Camino de Caibarién nos perdimos un poco en Yamejaguey? Nos paramos en un puesto de guarapa a preguntar y nos tomamos unas guarapas que no es otra cosa que el jugo de caña obtenido mediante una prensa mecánica. Allí hablamos un poco con el guarapero y con un hombre de 96 años que pasaba por allí “mi primera mujer se la llevé a un teniente” nos dijo, “después se la llevó uno que vino de La Habana” Gema por fin probó la caña de azúcar. 

Luego después de un rato largo de carretera llegamos a Caibarién y, bueno nos llevamos una decepción porque nos esperábamos un pueblecito pesquero como La Boca, pero Caibarién es una ciudad pesquera no demasiado grande aunque sí muy humilde y, eso sí, escaseaban las casas particulares. 

Dimos varias vueltas por la ciudad y al final dimos con un hostal, hostal Virginia. Cabe destacar que por 8 CUC cada uno nos preparó una cena espectacular con langosta, camarones, sopa de perro (sopa de pescado y verduras) arroz con frijoles, ensalada, plátano frito… todo fresco y sabroso y en abundancia.

Cuba: diario de viaje (día 10)

-- 1 de abril de 2013 --
(Escribe Gema)

Por la mañana sonaron los despertadores y todo fueron quejas: que qué mal he dormido, que me han picado los mosquitos, que menuda resaca, que qué pesado el gallo… total que nos vestimos y nos fuimos a desayunar. El desayuno estaba riquísimo, sobre todo los huevos con jamón de Raúl y todos nos apuntamos la idea para cenar.
Raúl estaba hecho polvo y tenía ganas de comer algo grasiento para pasar la resaca, además teníamos que comprar crema solar. Fuimos a la tienda de Villa Azul pero no tenían, allí nos dijeron que podíamos preguntar en un edificio que parecía un pájaro, y allí nos fuimos. 

El edificio era horrible pero tenía un mercadillo de artesanía en el bajo. Nos dimos una vuelta y luego subimos a buscar la crema. La encontramos y costaba 23 CUC!! Ni en broma. Así que nos fuimos en dirección a la gasolinera que tenían tienda, allí tampoco. Una vez allí pensamos qué íbamos a hacer y decidimos comer algo, aunque eran las 12 de la mañana y luego fuimos a la playa. El bocadillo de queso y las pizzas estaban muy ricas. 

Primero paramos en Playa Prohibida, pero no nos gustó mucho y fuimos a buscar Playa Flamencos.
En Playa Flamenco encontramos un chiringuito de catamaranes y windsurf. Allí preguntamos por submarinismo y nos dijeron que allí no podíamos que ellos trabajaban para un resort… a lo tonto nos preguntaron si íbamos a pagar en efectivo, dijimos que sí y se lo pensaron. Nos pidieron 20 CUC a cada uno para ir a hacer snorkel en catamarán a la barrera de coral. Al final nos fuimos por 10 CUC cada uno. 
Llegamos muy rápido en el catamarán y nos pusimos las gafas y las aletas y al agua. Gema lo pasó un poco mal con las gafas, porque se empañaban, Alex nos dio un truco y era frotarlas con algas. No funcionó y después de un rato nadando vino hacia Gema y se intercambiaron las gafas.
Seguimos buceando y Alex, que iba con un pincho pescó una langosta y el otro chico que venía sacó un pez loro. Entre tanto nos avisaron de ir a ver algo que estaba en el fondo: un tiburón gato!! Estaba acostado en el fondo y Alex y el otro chico le chincharon un poco para que saliera nadando. Fue impresionante.
Seguimos otro rato buceando y de repente: otro tiburón! Raúl consiguió hacerle unas fotos.
Después volvimos al catamarán y de vuelta a la playa. Después del buceo nos fuimos a tomar unas cerezas. Allí coincidimos con los alemanes y les contamos lo del tiburón y les enseñamos las fotos. (nota: a ninguno de los cuatro nos pareció bien el trato de Alex y del otro chico hacia los animales del arrecife, íbamos de paseo a ver peces y corales y no de caza y sin embargoAlex y el otro chico se volvieron con una langosta enorme con la que sacarían un buen dinero y otro pez bien grande con el que podrían haber cenado varias personas... Por suerte a ninguno de los tiburones, pese a que les chincharon con un palo, no les hicieron daño.)
Al terminar la cerveza nos fuimos un rato a la playa. Como se aproximaban nubes decidimos no bañarnos e irnos a dar un paseo por la playa. De repente, nos acordamos de los snorkels, nos los habíamos dejado en el chiringuito donde los catamaranes. Por suerte allí estaban y los recuperamos. 

Como no había mucho más que hacer nos fuimos a duchar y cenar. Efectivamente, los huevos fritos estaban buenísimos, qué sabor tan bueno. Raúl repitió sus espagueti. Hoy nos fuimos pronto a dormir.