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miércoles, 10 de noviembre de 2010

En solitario al Almanzor

Mountain Weekends ha estado parado mucho tiempo. Parado no, porque hemos hecho cosas, lo que sucede es que el ritmo que llevábamos se ha ralentizado y las publicaciones en el blog han cesado por el motivo que sea ¿Vaguearía? Puede ser. El caso es que el blog ha estado parado.

Ricardo ha hecho varias salidas a Pirineos con Andrea y tengo entendido que aquello está precioso ¿Cómo iban a estar si no los Pirineos? ¡Preciosos!

Juan (yo) ha tenido una lesión que le ha tenido jodido mucho tiempo; epitrocleitis, una tendinitis en el codo con efectos extraños como adormecimiento y dolor constante en los dedos y la palma de la mano, un puto coñazo. Aún sigo sin escalar por prudencia pero no he dejado de "pasear" y el otro día hice una ascensión al Almanzor en solitario que hoy quiero documentar. Esta ascensión tiene un significado claro, necesitaba un día de total desconexión porque me he cambiado de trabajo. También hay varias dedicatorias pero las pondré al final de este relato.

Miércoles 03 de Noviembre.

Daban buen tiempo en toda España, hay un anticiclón dominando la península y se prevén cielos despejados y vientos flojos. ¿Qué mejor forma para desconectar que un buen pateo por Gredos? Llamé el día antes al refugio Elola y me dijeron que no habría casi gente y que el teimpo era bueno pero que había nieve desde la laguna grande y que en la cima del Almanzor hacían falta crampones y piolet.

Amanece en casa de Juanito a las 5 y media de la mañana. Me visto rápidamente, cojo mi macuto previamente preparado y salgo pitando rumbo a Gredos... Llego a las 7:50 a la plataforma, estaba casi vacía, tan solo hay tres coches y hace un rato que ha amanecido pero aún no ilumina mucho el sol, me pongo las botas, me preparo, cierro el coche, saludo a dos extremeños que se estaban preparando y comienzo a andar.

No hace mucho frío pero al poco tiempo empiuezo a pisar nieve y antes de empezar a descender hacia la laguna grande la nieve en las zonas de sombras está competamnete helada. En esa zona adelanto a un grupo de tres personas, tres jubilados que se merecen una mención especial pues estoy deseando jubilarme para poder hacer lo que ellos una vez por semana o dos y casi sin gente.



Llego al refugio Elola a las 9:45 y me pido un desayuno. ¡Qué rico! Dejo bastante material (un abrigo gordo y una uda que llevaba por si acaso) y sigo mi camino. La nieve la roca el agua y el hielo se entremezclan en un precioso paisaje casi alpino y yo, paso a paso, voy cogiendo altura por este cmino ya tantas veces recorrido y siempre distinto a veces anteriores. En un momento dado comienzo una empinada ascensión en una ladera sombreada y decido ponerme, por seguridad, los crampones y cambiar mis bastones de paseo por mi piolet. Hago alguna foto y sigo mi ascensión hacia la entrada a la portilla del crampón.

Estoy solo, no hay nadie delante mío ni detrás, hace mucho frío pero es agradable, voy en camiseta (térmica) y tan solo se oyen los trozos de roca y hielo que van cayendo por culpa del sol que en las alturas lo calienta lo derrite y lo deja a merced de la gravedad. Pequeños derrumbes y aludes rodean y envuelven el crepitar de mis pasos y el sonido de mi respiración y al adentrarme en la portilla del crampón siento miedo y respeto y me pongo el casco. Hago bien pues son muchas las piedrecitas y trocitos de hielo que caen aquí y allá y ante tal panorama hago uso de todas mis fuerzas, aprieto el ritmo al máximo o más, y llego al final de la portilla en una carrera. Sigo solo, más solo que antes incluso, pero las vistas y el silencio de la música del sol la roca y el hielo al medio día llenan mi cabeza y estoy tranquilo. El panorama es peligroso, tanto como aquella vez que nos dimos la vuelta pero mucho mas tranquilo, sin viento... Solo la inclinación, la roca, yo y el hielo... Y cerca nuestro un bonito y despejado cielo.

Subo, sigo subiendo. ¿Por qué iba a darme la vuelta hoy si no tenía ningún tipo de presión a mi alrededor? Buen tiempo, nadie aturdiéndome, ni presionándome ni infundiéndome miedo. Paso a paso y patada a patada clavo mis crampones en el hielo y voy superando muchos metros hasta encontrarme ante lo que yo suponía que era el pasillo final de ascenso que por lo visto algunos llaman "el corredor oscuro". Es un corredor y es oscuro y en aquellos momentos estaba totalmente congelado. Una capa de cinco o diez centímetros en algunas zonas cubre casi todas las rocas de este último corredor que separa mis ultimos metros de la cima del Almanzor.

Me aproximo, me aventuro paso a paso hacia estas escaleras heladas ue me van obligando cada vez más a trepar. En un momento dado no puedo seguir con el piolet en la mano pues la trepada se convierte en escalada y me engancho el piolet entre la mchila y la espalda. Escalo, era un paso fácil pero arriesgado. Poco a poco cada paso, cada movimiento, es más comprometido. Un resbalón ahora podría significar un gran susto o una desgracia y llego a un punto en el que, joder, no me atrevo. Demasiado riesgo, es tan solo un salto y confiar en que mis manos, sin guantes, encontrarán algo a lo que agarrarse ahí arriba. No puedo arriesgarme. Fabrico un escalón en el hielo pero no sirve de nada... No. No puedo arriesgar tanto, rodearé y si hace falta, por mucho que me joda, me voy.

Volver atrás estando a mitad de este callejón no es fácil, un salto y de cuclillas una destrepada... Y vuelvo a estar al principio... Sigo rodeando el pico a ver si mas adelante hay suerte... Encuentro un hito que me alienta y mas adelante hay otro pero estoy agotado y en uno de mis pasos noto como mis cuadriceps están deseando montarse y joderme el día. No puedo estirar a tope las piernas. Dolor!

Estoy en un hito, a unos veinte metros de la cima, al sol muy a gusto, y decido tomar un descanso pues es algo más de medio día y voy sobrado de tiempo. Sigo solo, hago alguna foto. Me zampo un plátano. ¡Joder, estaba hambriento! y después otro. Bebo... Me grabo un pequeño video con mi cámara y al ir a guardar la cámara oigo un ruído encima mio.

¡Mierda! Veo claramente como una placa de hielo que hay en la roca mas alta que diviso se rompe y un trozo del tamaño de una mesa de terraza de bar cae directamente hacia mi. Rebota en una roca a mitad de camino y yo reacciono y salto para protegerme junto a una roca a mi derecha, me acurruco y espero.

¡Plaf! Me golpea en el casco y en la espalda y se parte en dos por la mitad. He tenido suerte. Mucha suerte. Me duele, tengo un bulto casi en el culo pero podría haber sido peor, si no hubiera llevado casco quizá no lo estaría contando ahora... Quien sabe, prefiero no pensarlo pero desde luego nunca saldré por ahí sin mi casco. No gracias.

Después de tanta vuelta oigo como sube alguien y les veo asomar por el final de la portilla del crampón. Les saludo y les guío hasta el principio del corredor oscuro (hubieran llegado ellos solos pero les despista mi posición pues estoy un poco lejos... y al ver que no estoy solo y sobrepasado el susto decido continuar. subo y trepo y me veo de nuevo sobre el corredor oscuro pero un poco mas arriba, justo por encima del paso que no me atreví a dar. Salto, con dos cojones, sobre la superficide de hilo a la que debería haber llegado y me veo ante una ultima trepada. Hacia la cima del almanzor un hielo insuperable tal y como estaba y hacia la izquierda, hacia la segunda cima, una trepada que bien podría ser un cuarto de escalada deportiva pero de tan solo tres o cuatro metros. Subo, por oposición, utilizando dos grietas verticales y llego a la segunda cima. Estoy un metro o dos por debajo de la cima del almanzor pero ya me siento en la cima. Doy un rodeo y no consigo llegar. Desde mi posición animo a los extremeños a continuar pero el panorama es peligroso y tan solo llegan a la segunda cima. Despues de muchas vueltas y habiéndo ellos empezado a bajar encuentro un camino que me lleva al hueco entre las dos cimas y ya, en cuatro pasos, hasta la cima del Almanzor. ¡Cima!




Como has leído ha sido duro y peligroso pero la cima me regala unas preciosas vistas en una calma acojonante. No sopla casi viento para estar donde estoy. Se está muy a gusto y hago alguna foto y grabo tambien un pequeño video donde dedico la cima a mis antiguos compañeros de trabajo (¡os echo de menos gentuza!) a mi amigo y compañero de aventuras Richard y a su chica Andrea, a Gema porque me gustaría que conociera el placer y el sufrimiento de aventuras como ésta y también a todos mis amigos y familiares a los que me gustaría tener en ese momento junto a mi. Me acuerdo de las Crises, Jorge y RuFLeX con quien ya llegué hasta allí en Octubre de 2009, de mi dentista Luis con quien llegué hasta el Monte perdido, de Jimy, de Buyi, de Guri, de Javi y... bueno, de todos aquellos con los que he compartido aventuras de montaña y de escalada.

Hago memoria durante un rato y me siento mas vivo y también mas solo que nunca. Cambiar de casa y de trabajo supone un cambio radical en mi vida y en ese momento soy totalmente consciente de ello. Siento nostalgia pero también siento alegría. Hago un par de llamadas a quienes más quiero oír y con quienes más quiero compartir ese momento y les cuento el miedo que tengo pues tengo que destrepar ese tramo que tanto me ha costado subir y ya se sabe que la mayoría de los accidentes en montaña son en el descenso... Y al contárselo me hago consciente del peligro y siento miedo.

Pero no puedo dejar que el miedo me detenga. Cojo aire, puede que me sienta mas vivo que nunca y no voy a dejar que un poco de hielo me detenga. Paso a paso y destrepada a destrepada llego a la repisa a la que tano me costó llegar antes. Desde ahí decido saltar a la repisa de mas abajo, en vez de destrepar y me sorprende mi destreza. Sin perder la cabeza, sin confiarme demasiado pero sin miedo y sin dudas vuelvo a saltar y a destrepar hasta verme, seguro, en el final de la portilla del crampón.



El resto de la bajada no tiene mucha historia, tan solo un resbalón al quitarme los crampones que me lleva deslizándome unos metros hasta una roca más abajo y que tan solo supuso un raspón en una mano. Bueno, tambien una gran pateada pues cuando estaba saliendo del circo me día cuenta de que mi abrigo y mi muda "por si acaso" estaban sobre las taquillas del refugio y no iba a dejarlo ahí. Tuve que volver a bajar y luego volver a subir.

Al final de mi descenso me volví a cruzar con los dos leoneses y los tres jubilados de Madrid, grandes y experimentados montañeros todos ellos y a los que quiero dedicar también mi ascensión pues aquel día solo yo llegó a la cima pero todos lo intentamos. (Los de Madrid iban a la Galana pero el hielo no les dejó continuar)

Subiré las fotos a éste post en un rato, de momento lo publico así.

Besos

JxXx (Juanito)

lunes, 8 de febrero de 2010

Gredos 06 y 07 de Febrero de 2010

Tras haber planificado a conciencia la salida de esta semana, nuestra primera invernal a Gredos, nos encontramos unos desafíos dignos de un valiente suicida para aquellos que no están perfectamente preparados. Nada es lo que parece, el caluroso y desafiante pero enriquecedor rompe-piernas que fue el Almanzor este verano, se ha convertido en una montaña arisca y solitaria, que impone sus reglas y voluntades a los pocos alpinistas con medios suficientes y la técnica necesaria como para afrontar los últimos desvaríos de esta escarpada montaña. Os lo contamos desde el principio:

Nos despertamos a las 5:15 de la mañana después de que Richard se pegara un concierto increíble de los Artic Monkeys (lo cual nos venía que ni al pelo, ya que en monos del ártico nos íbamos a convertir en pocas horas…)

Juan, como un campeón, preparó todo el material el día antes para evitar el estrés de última hora y salimos hacia Gredos desde Madrid a eso de las 6:15. Llegamos a la plataforma unas horas más tarde, tras una plácida siesta por parte de Richard mientras Juan se deslizaba a gran velocidad por los asfaltos...

Una vez allí, nos preparamos junto con los demás montañeros, todos ellos muy madrugadores tal y como mandan los cánones. La nieve nos saludó desde la misma plataforma y confiados, empezamos con el paseo hacía el Refugio de Elola. Pasado el puente que cruza el río para ascender la última pala antes de bajar al Circo de la Laguna tuvimos que ponernos los crampones puesto que aún era muy temprano y la nieve estaba helada; esto no les ocurriría a los domingueros que se pasasen por allí a la una de la tarde a tirarse en trineo. Garantizado.

Rápidamente aprendimos la primera lección de esta aventura; si tus crampones son semiautomáticos y te rozan un poco las botas en los talones, prepárate… prepárate bien. En el caso de Richard, la fijación del crampón del talón se le clavaba más de la cuenta al estar fijada con las correas, con lo que casi desde el principio de la excursión tuvo que ponerse protecciones en los talones con esparadrapo y tiritas para evitar que las rozaduras pasasen a ser carne viva.

Sobre las 10:00 llegamos a la Laguna Grande, tuvimos suerte ya que pudimos cruzarla porque estaba completamente helada. Fuimos los primeros en hacerlo y detrás nuestro cruzó mucha más gente. Una vez allí, buscamos un sitio “protegido” para montar la tienda. Tanteamos unas rocas pero no pudimos cavar en condiciones, localizamos un iglú pero era demasiado pequeño y al final, cerca del refugio, nos apoderamos de un agujero que ya estaba hecho en la nieve y montamos allí nuestra tienda. Dejamos en ella todo el material de dormir y la comida y nos preparamos las mochilas con lo necesario para el ataque pudiendo comenzar con la ascensión.

La ascensión en general es bastante más agradecida que en verano, ya que todas esas rocas que hacían que se resintiesen nuestras rodillas estaban tapadas con una capa uniforme de nieve y hielo. Paso tras paso, la inclinación se acentúa y vamos dejando gente atrás ya que aunque no somos unos machacas en el fondo hemos venido a entrenar y dar lo mejor de nosotros mismos.

En la subida a la Portilla del Crampón, la mayoría de los excursionistas se daban la vuelta al ver el panorama y entre los que bajaban había gente más y menos seria pero en general casi todos nos tiraban piedras de hielo por bajar sin ninguna consideración con los que estaban subiendo. Mandamos un cordial saludo a toda esa gente que estaba rapelando y que, mientras nosotros subíamos a pelo y nos cruzábamos con ellos, no mostraban intenciones de ponérnoslo fácil ni de dejarnos los tramos más seguros para ascender sin asegurar sino que los utilizaban ellos y nos obligaban a subir por las zonas más expuestas y más peligrosas. No respiramos durante esos metros ni respeto a la montaña ni educación y, sin embargo, nos trajimos de vuelta a casa bastante pena, vergüenza ajena y algún que otro susto en el cuerpo…

Al llegar al final de la Portilla, nos encontramos con una gran sorpresa; una de esas lecciones que te da la montaña y de las que uno tiene que estar agradecido de que sucedan en momentos controlados. El supuesto tramo fácil, o al menos eso pensábamos nosotros, no iba a ser un paseo ni mucho menos, y es que el viento arreciaba con fuerza y convertía en hielo lo que ese sol, tan espléndido que nos acompañó durante todo el día, acababa de derretir...

Contábamos con una trepada más o menos agradable hasta la cima, creíamos que sería mucho más complejo pero en mejores condiciones que la Portilla del Crampón pero no fue así... Ante nosotros se alzaba un tobogán de hielo color turquesa y roca helada que llegaba, hacia arriba, hasta la cima del Almanzor, y hacia abajo hasta... no se... ¿El campanario de la Iglesia de Cepeda? ¡Había un resbalón mortal!

Pocos fueron los que se aventuraron a la cima y nosotros tuvimos que desistir puesto que nos faltaba un piloet a cada uno y más técnica y experiencia en esas lides. La montaña nos enseño que nos quedaba mucho por aprender en cuanto a alpinismo se refiere, preguntamos a un grupillo que había por allí y dos de ellos nos aconsejaron bajar rapelando ofreciéndonos la opción de unir su cuerda y la nuestra para bajar más metros de un solo rapel, a lo cuál accedimos encantados. Ellos eran Roberto y Rubén. Venían de la cima y Roberto estaba enseñando a Rubén técnicas de alta montaña; ambos nos dijeron que, en nuestra situación, el riesgo de subir a la cima era demasiado alto, cosa de la que nosotros ya nos habíamos percatado, así que, después de unos segundos de duda, bebimos agua, nos hicimos una fotillo preparados para rapelar y nos bajamos tras ellos.

La bajada fue amena, dura para las rodillas y para las plantas de los pies pero buena. Roberto nos contó que es guía de montaña y nos invitó a llamarle algún día para mejorar nuestra técnica de alta montaña; puede que lo hagamos ya que, hablando en serio, nos vimos muy flojos técnicamente. Hemos pensado en practicar más la escalada clásica y enfrentarnos con desafíos como ese tobogán de hielo y roca, estando bajo la supervisión de un guía experto y no bajo la de nuestras cabecitas locas...

El resumen de esta ascensión puede ser que hemos aprendido que nos queda mucho por aprender y que el Circo de Gredos es una escuela de Alpinismo acojonantemente buena donde se reúne gente de mucho nivel.


Nos faltan palabras para poner aquí todo lo que hemos visto y aprendido en tan sólo dos días. El domingo jugamos un poco por allí, practicamos técnicas de autodetención con el piolet, técnicas de progresión encordados, montaje de reuniones en nieve y hielo... Incluso hicimos un rappel desde una columna completamente helada. Nos gustaría hablar de lo problemáticos que son los guantes para manejarse con el material, de lo bonitas aunque también peligrosas que son las cascadas de hielo y de la importancia de un buen casco... Pero nos faltaría espacio y ya tendremos tiempo de ir haciéndolo.

Nos empapamos del sabor de Gredos y recogimos, muy a nuestro pesar, la tienda y todo el material, cruzamos la laguna por la huella que nosotros mismos iniciamos la mañana del día anterior y con las piernas medio rotas, anduvimos hasta el principio de la última bajada, retomando las fuerzas por última vez.

A Richard le dolían las rodillas, pero Juan estaba ansioso por quemar un poco más de energía en un último apretón y decidió que, como la última vez, esa bajada de vuelta al parking la iba a hacer corriendo y así lo hizo. Se apretó bien el macutazo (¿¿20 kg?? fácilmente) y echó a correr, no parando hasta el puente de piedra que hay ya casi en el parking... y disfrutó de lo lindo mientras lo hacía..


¿Cuanta energía hemos quemado? No la suficiente pues tenemos ganas de más y sólo es lunes. ¿Cuánto hemos aprendido? Es difícil saberlo porque cuanto más sabemos más nos damos cuenta de lo mucho que nos queda por aprender. ¿Cuando vamos a volver? Pues es difícil saberlo pero esperamos que pronto. Ojalá venga otra ola de frío que mantenga durante algún tiempo más el Circo de Gredos tan bonito como lo han podido ver nuestros ojos este fin de semana y podamos ir más veces a seguir aprendiendo y a superarnos a nosotros mismos una vez más.

Para terminar recomendamos a los caminantes, montañeros, alpinistas e incluso a los inconscientes domingueros que se acerquen a la Venta de la Rasquilla y pidan una sopa Castellana. ¡Es mano de Santo!

Aquí os mostramos el recorrido realizado.



Saludos

TMWMT
The Mountain Weekends Mad Team


PD: A este post le queda mucha edición de momento y le faltan fotos... Ya iremos trabajando sobre él pero ya se aceptan comentarios.