lunes, 22 de marzo de 2010

Aneto Marzo de 2010

Casi no me veo los pies… ¡Maldita niebla de los cojones! Si al menos viéramos hacia donde vamos sería mas fácil decidir si seguimos o nos damos la vuelta como ha hecho todo el mundo. No, éste no es el espíritu, no debo desear que no esté, es con niebla como nos ha tocado, bueno, niebla viento y nieve, y esto es a lo que nos estamos enfrentando. Ya hemos asumido el riesgo y seguimos caminando. Aún no es el momento de darnos la vuelta.

La nieve esta dura a ratos y puedo clavar el crampón sobre el hielo que la cubre sin problemas. Ojalá esto fuera constante pero de vez en cuando un paso te hunde media pierna o la pierna entera y la progresión es difícil. Procuramos no acercarnos demasiado a las rocas que asoman sobre el hielo para no hundirnos de lleno en algún agujero producido por ese sol que nos han dicho que ha hecho la semana pasado pero tapado por una fina capa de nieve.

Seguimos caminando, no tengo muy claro si hemos subido demasiado o si vamos aún por el buen camino. Sorteamos un grupo de rocas, una vez mas me hundo, esta vez hasta la cintura, blasfemo sin piedad y me preguntan: ¿Estás bien? No estoy seguro de si fue esa su pregunta, es la mas lógico pero el viento no me dejaba oír apenas, si estoy seguro de cuál fue mi respuesta: Menuda puta mierda de tiempo ¡Maldita sea!

Por fin, la pendiente que nos quedaba a nuestra derecha dio paso a una zona menos pronunciada y de repente nos vimos en una pala de nieve con muy poca o ninguna pronunciación. Pensé que estábamos en el collado, que estábamos llegando. Recuperé el aliento, giré en redondo, cogí aire y chillé: ¿A qué altura estamos? Un rato después, una respuesta: ¡3050!

No era el collado al que nos dirigíamos, había que seguir por la ladera de la montaña, coger al menos 140m más de altura, al otro lado de la pala otra zona de roca nos espera. Progresamos, poco a poco, cada vez el viento es más y más fuerte y como nuestros pasos son erráticos me pregunto si seremos capaces de volver por el mismo camino siguiendo nuestras propias huellas. Tranquilo, aún no es el momento de darse la vuelta. ¡Ricardo! ¿Estás bien? Pregunto: Siii! Me responde, y añade ¿Vamos? Y yo contesto ¡Vamos!

El sonido de nuestras pisadas lo caya el viento. Cada vez las ráfagas son mas fuertes pero seguimos ascendiendo en diagonal en busca del collado de Coronas. Parece mentira que con tanto viento la niebla no se mueva, que no quede ni un solo claro que nos permita momentáneamente ver hacia donde nos dirigimos. ¿Vamos en la dirección correcta o la estamos cagando estrepitosamente? ¡Maldita niebla de los cojones! Me vuelvo a decir.

Nos paramos junto a una roca mas o menos refugiada del viento. Los dos sabemos que el collado está a 3190m de altura, el GPS nos indica que estamos a 3150 y por tanto tenemos que seguir subiendo. Decidimos, una vez más, continuar y al rato nos encontramos otra pala de nieve. Esta vez se ve que asciende y al llegar arriba me da la sensación de que por fin estamos en el collado. Durante unos segundos me pareció intuir un valle al otro lado. ¿A qué altura estamos? ¡3200m! Me cuadra. Estoy casi seguro, éste es el Collado de Coronas. En mi cabeza tengo el mapa y, sigo una línea horizontal hacia la izquierda. Ricardo quería ir hacia la derecha pero le digo: ¡Sígueme, es por aquí! Al llegar a lo que se suponía era el final del collado me encuentro con una gran rampa de nieve. ¡También me cuadra! Estamos cerca, este va a ser el último gran apretón…

Cuando me dispongo a subir Ricardo chilla: ¿Dónde vas? ¡Parriba!, le respondo, ¡Ya casi estamos! El dice: ¡No! ¡Tenemos que llegar al collado! Yo le digo: ¡Tío, acabamos de pasar el collado! ¡Imposible! ¡Que si tío!, el collado era esta recta de nieve por la que acabamos de pasar… ¡No puede ser! ¡Eso no era ningún collado! Hubiéramos visto el otro lado! Yo creo que lo he visto. Tu te querías ir hacia abajo… ¡Que no! ¡No hemos llegado al collado! ¡Hay que seguir a esta altura! Me dice, y yo contesto: ¡Eso era un collado gilipollas, y tu te querías ir para bajo! Insisto: Mira, veníamos por ahí, hemos cruzado por encima por ahí y tu te querías ir hacia el otro lado. Apunto a lugares inconcretos pues la niebla lo cubre todo, casi no nos vemos pero si se oyen nuestros gritos. ¿Qué hacemos discutiendo a tres mil y pico metros? No lo entiendo. ¿Es culpa mía? Mucha adrenalina y poca seguridad llenan el ambiente. Decido calmarme, quizá este sea el momento de darnos la vuelta. ¡Relaja! Le digo, ¿y si nos damos la vuelta? Y el contesta: Vale pero… ¡Dios! ¡Que potra tienes hijo puta! Ricardo señala detrás mio, me doy la vuelta y veo un hito. ¿Vamos? Le digo ¡Dale caña! Contesta él…

Pasamos el hito seguimos subiendo a ritmo fuerte y un buen rato después una ráfaga de viento me tira al suelo y creo que hace tropezar a Ricardo. ¡Esto está muy mal, tiene muy mala pinta! ¿Crees que sabremos volver?... No lo tengo claro, me contesta. Ambos decidimos entonces darnos la vuelta.

El GPS nos ha demostrado que ambos estábamos bastante perdidos. Podéis ver el track al final del relato pero, en resumidas cuentas, estábamos lejos de donde pensábamos ya que subimos demasiado. Estábamos, de hecho, mas cerca del Maladeta que del Aneto. Hicimos bien en darnos la vuelta...

No fue fácil seguir nuestras huellas por culpa del viento y la niebla. La nieve, igual que antes, nos iba jugando malas pasadas, dura como la piedra a ratos, blanda a otros, traidora todo el tiempo. Pisar, pensar que te has clavado, apoyarte para dar el siguiente paso y hundirte hasta la cintura no es una buena sensación, y es peor si notas que debajo no hay nada, que tu pié se mueve libremente y no pisa fondo. ¡Mierda! Te dices ¡Tengo un problema! Te lamentas… Apoyas el piolet un poco mas allá y lo hundes por completo, incluidos tu guante y parte de tu abrigo… ¿Hasta donde llegará este agujero? ¿Será muy profundo? Creo que este no es el mejor momento para divagar, lo mejor será dar un paso atrás. Vuelves a clavar el piolet, esta vez detrás de ti, y toca fondo, una piedra, ¡bendita seas! Haces fuerza y por fin te levantas. Rodear, tantear y seguir para delante…

Llegamos a una de las rocas donde habíamos parado, aquella que estaba medio refugiada del viento, y vimos mas huellas aparte de las nuestras. Alguien nos ha seguido hasta aquí y se ha dado la vuelta. No nos paramos a pensarlo y seguimos esas huellas de vuelta al paso del portillón, hacia abajo en diagonal, por fin salimos de la niebla y vimos grupos de gente al fondo del glaciar dispuestos a pasar el portillón para poder seguir llegar hasta el refugio. En dos o tres horas se acabará nuestro pateo, o eso pensábamos.


Al llegar al refugio nos encontramos con un panorama de espantada general… ¡Viene lluvia! ¡Mierda! ¿Qué hacemos tío? ¡Nos vamos, preparemos el macuto cagando leches! Después de todo el día andando (de 7 de la mañana a cuatro de la tarde) hicimos el macuto no sabemos ni como, pagamos y nos marchamos. Llegamos al coche a eso de las 7 de la tarde en mitad de un aguacero tremendo, el parking era un barrizal asqueroso, echamos todo atrásy nos fuimos de allí.

La vuelta fue dura, un Red Bull, una foto en un radar en no se que puta mierda de pueblo… Pero antes de irnos hicimos una parada en Benasque a devolverle unos bastones a una chica, Mari Paz, que se los había dejado en el refugio el día anterior y como habíamos hablado un poco durante la comida, al llegar abajo y darse cuenta, llamó al refugio y preguntó por nosotros. Un saludo a Mari Paz de Alcalá de Henares y a su novio también pero no recuerdo el nombre. Otro saludo a nuestros compis de habitación en el refugio, los chicos de Vitoria. ¡¡A ver si nos enviáis esos vídeos!! También saludos al grupo de Alicante, con quienes coincidimos en el paso del portillón a la vuelta del Aneto y durante la bajada. En fin, saludos a todos los que lo intentaron este fin de semana y no lo consiguieron. Otra vez será.

Espero que os haya gustado mi relato.

Un saludo

TMWMT: JxXx

PD: Aqui os dejo un enlace a la galería pública de picasa con las fotos de esta excursión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada