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miércoles, 16 de julio de 2014

Expedición al Matterhorn 2014


Durante la última semana he trascrito el relato de nuestro viaje, relato que he escrito durante las muchísimas horas de coche que supuso el retorno a casa. El relato ha gustado mucho y he recibido mensajes tando de amigos y familiares como de contactos, amigos de amigos, de Facebook, dándome, dándonos, la enhorabuena por la expedición y diciendo que les estaba encantando el relato, diciendo que era muy personal y que era como estar viviéndolo con nosotros. Para mí ha sido un placer poder compartir todas estas vivencias y sensaciones con cualquiera dispuesto a leerlas además dejando constancia escrita de todo lo que hemos vivido nuestros recuerdos quedarán aquí para siempre, para disfrute de todos, incluido yo mismo.

Desde aquí cualquiera podrá acceder a cada uno de los "fascículos" de este relato.

Que lo disfruten tanto como lo hicimos nosotros.

martes, 15 de julio de 2014

Expedición al Matterhorn 2014. LAS FIEBRES DEL MONT BLANC

05/07/2014

Amaneció lloviendo (¡jooooooooder!) pero a las 10 despejó un poco y empezamos a preparar los macutos muy tranquilamente y las 12:30 o una salimos hacia el pueblo y allí nos comimos un kebab buenísimo antes de coger el teleférico. La estación intermedia estaba nublada, había nubes justo por encima nuestro y no vimos el sol hasta quedarnos a ras de las nubes al llegar al Aiguille du Midi.
Justo a la entrada del túnel de hielo "nos pusimos guapos", crampones, casco, piolet... Y ya fuera, en la "terraza", rodeados de turistas haciéndonos fotos nos atamos, cruzamos una puerta metálica pequeña en la que se leía algo parecido a "Intrepids only" (ni lo recuerdo exactamente pero el mensaje era ese) y salimos a la cresta, a descender hacia el glaciar.
Por lo visto desde hacer varios años está prohibido acampar en el glaciar y estaban multando de vez en cuando a los que dejaban la tienda montada durante el día. LA última vez que estuve allí, también con Ricardo, en 2010, habría unas 10 o 12 tiendas por lo menos y esta vez tan solo una. Bajamos y en un gran hueco que ya había en la nieve dejado por otros montamos nuestro chiringuito justo a tiempo para meternos dentro antes de que una nube lo tapara todo. En el suelo de la tienda pusimos una manta de supervivencia gorda a mode de aislante extra, echamos nuestras esterillas y, vestidos, nos metimos en el saco... Hacía un frío de la hostia. Salí a por nieve, la fundimos y nos hicimos unos tés y a eso de las ocho nos hicimos la cena e intentamos dormirnos con intención de levantarnos a media noche para poder echar a andar a la una. Yo no podía dormir, no hacía más que pensar en mis cosas, sobretodo en las ganas que tenía de estar en casa con Gema, la echaba muchísimo de menos... Dí muchas vueltas hasta que conseguí dormirme.

Algo me despertó, ruido de una cremallera, era Ricardo que entraba en la tienda, había salido a mear. "¿Qué hora es?" - "No sé" -"Borja, tío, ¿qué hora es?" Borja se retorció, no encontraba el móvil, y al incorporarse su móvil cayó, lo había tenido pegado a la espalda, se había dormido sobre él... "Las tres!" - dijo.

¡NO ME JODAS!

La verdad es que me cogí un cabreo de órdago. Salí a por nieve y ví las luces de una cordada llegando a la parte alta del glaciar del Tacul, nos sacaban horas de ventaja, y otra en esa dirección comenzando a subir, otra cordada pequeña saliendo del refugio de los cósmicos (Les Cosmiques) y un grupo numeroso en la pùerta, supongo que atándose... Íbamos a ser los putos últimos...

Hice café y "desayunamos", tanto Ricardo como Borja dijeronque se encontraban mal, con fiebre, Borja de hecho llevaba unos días así e incluso en el camping dijo que no debería subir en esas condiciones... Pero allí estábamos los tres.

En cuanto terminamos de disfrazarnos de alpinistas para la ocasión y cerramos la tienda (no pensaba perder un segundo en desmontarla e incluso me comprometí a pagar yo la multa si nos la ponían, nos pusimos a andar en el mismo orden que lo hiciéramos en los Breithorns y al descender hasta aquí el día anterior; yo delante, Borja en el medio y Ricardo el último. Iba a todo lo que mi corazónb y mis pulmones me dejaban y varias veces me hicieron bajar el ritmo, los dos estaban jodidos, con escalofríos, sudores fríos, flojera y dolor de cabeza... Y no fue difícil tomar la decisión, así no podíamos seguir subiendo por mucho que yo ya hubiera decidido dedicar aquella jornada y las posibles cumbres al recuerdo y la memoria de mi padre, había que abortar misión.

Nos sentamos un momento, no habíamos llegado ni a la primera grieta, quizá la tercera o la cuarta parte de la primera subida, estaba amaneciendo y las vistas eran espectaculares y decidimos, cosa mía, que en vez de volver directamente a la tienda teníamos que explorar un poco el glaciar y acercarnos a una grieta cercana en la que el día anterior habíamos visto gente. Al poco de volver a ponernos en marcha, esta vez cuesta abajo en dirección a esa gran grieta, el sol comenzó a iluminar la nieve, el hielo y la montaña, al principio con colores rosados y luego anaranjados hasta que nos tocaron los primeros rayos del sol y nos cambió la cara a todos.
Llegamos a la grieta y con una estaca y un piolet en horizontal montamos una reunión a prueba de bombas y allí montamos un rápel por el que bajé a la grieta. El "suelo" estaría a unos 15 metros y digo suelo pero probáblemente se tratara de un falso suelo, el techo de la grieta encajonado entre los muros de la grieta al desplomarse... Por eso no bajamos los tres sino que montamos la reunión desde arriba. Una vez abajo me até al extremo de las cuerdas, cogí los piolets y me dispuse a escalar la pared. Estaba un pelín desplomado y además había un techito justo al final, además, el hielo, como en realidad eran capas de nieve del glaciar, era muy variable, había capas muy duras y capas sobre las que el piolet no se calvaba sino que rascaba la nieve y se salía. En la salida del techito me colgé de la cuerda varias veces, era muy complicado y me estaba reventando los antebrazos porque al estar desplomado los pies sirven para mantener el equilibrio y poco más, sin duda esta ha sido la escalada en hielo más dura que he hecho nunca (tampoco es que haya hecho mucha) aún yendo de segundo... Luego hicieron lo mismo Ricardo y Borja (que cabrones, que altos son y con que facilidad subieron los dos) y como vimos que empezaban a entrar nubes desde la cumbre decidimos recoger lo antes posible e irnos ya que estábamos hasta los mismísimos cojones del mal tiempo. Queríamos salir de allí aún con sol. 

 
 

Una vez atados otra vez, para andar por el glaciar hasta la tienda con seguridad, Borja y yo decidimos hacer una prueba de nuestro sistema de seguridad, un Machard bidireccional que en teoría detendría una caída de cualquiera de nosotros y supondría parte de un mecanismo de autorescate facilitando montar un polipasto para izar al caído. Cogí un poco de carrerilla, dos o tres pasos, y me tiré al suelo simulando una caída en una grieta. Al tirarme al suelo me hice daño en el dedo gordo de la mano izquierda porque la cuerda frenó mi caída antes de lo que yo esperaba y me desequilibró, ahora, escribiendo, es solo una molestia, nada grave supongo, pero en el momento me dolía tanto que no era capaz de usar la mano para casi nada y Ricardo me inmovilizó el dedo con venda y esparadrapo.
Entre Ricardo y Borja recogieron la tienda, yo sólo pude echarles una mano... Y nos fuimos del glaciar. La subida hasta el teleférico, 200 o 300 metros de desnivel, se hace larga pero la última cresta hasta el tunel de hielo de la estación, plagado de turistas de todas las nacionalidades pero sobretodo japoneses haciendonos fotos y grabando nuestros últimos pasos sobre el filo de la cresta mereció la pena. "Sonreíd chicos que está todo el mundo grabándonos" Y con una sonrisa entramos los tres a ese balcón en el que nos hicieron un pasillo observándonos sorprendidos y sin dejar de grabar.

Ya dentro nos quitamos los crampones y nos desatamos pero nos metimos en el teleférico con el arnés puesto y toda la cacharrería aún colgando y al llegar abajo del todo seguimos directamente hasta el camping dando la nota con nuestras pintas y la tintinela de tornillos de hielo, cintas y mosquetones bailando en los arneses... Hacía muchísimo calor.

En el camping pudimos secar y ordenar todo, luego salimos a tomar unas cervezas y como a las cinco, arrastrando todos un dolor de cabeza considerable y llegando de vuelta al camping (¡Oh, sorpresa!) se puso a llover, a llover a mares, a mares de verdad. Rayos y truenos, goterones, viento. Cayó una tormenta de las gordas...

- ¿Qué hacemos?
- Yo estoy hasta los huevos del frío y del mal tiempo
- Y yo
- ¿Y si nos vamos a España y hacemos una parada a escalar de camino?
- ¡Podríamos ir a Montserrat, pilla de camino y no lo conozco!
- O hacer la Salenques-tempestades al Aneto que es muy exigente y estamos super bien aclimatados
- ¿Más montaña?¿En serio?
- Buf!
- Podríamos una relámpago a la Norte del Perdido, en el día.
- ¡Ese plan me mola mucho!
- Bueno, casi mejor mañana miramos el tiempo y decidimos sobre la marcha...

Y así estuvimos un rato hablando, planteamos varias posibilidades, todas grandes aventurillas. 

viernes, 11 de julio de 2014

Expedición al Matterhorn 2014. CONDICIONES INVERNALES EN JULIO

01/07/2014

Durante la noche ha vuelto a nevar y hay varias nubes retorciéndose violentamente alrededor del Cervino. Estábamos encerrados en la tienda cuando empezamos a oír helicópteros, nos asomamos y vimos a dos helicópteros a la altura de Solvay pero fuera de la nube, a una distancia prudencial, por lo visto los polacos no eran capaces de bajar de allí, cosa que no me extraña, llevo seis meses mirando a diario las web cams que apuntan al cervino y puedo asegurar que tenía más el aspecto de enero o febrero que de julio. Ricardo ya nos había dicho el día anterior que él, en esas condiciones, no tenía la intención ni de intentarlo, la ruta, en condiciones ideales, está catalogada como AD (Algo Difícil) pero ahora mismo el grado, suma de factores como la técnica necesaria, la exposición y las posibles consecuencias de una caída, se acercaba más bien a un MD+ (Muy Difícil superior) o incluso a un ED (Extremadamente Difícil).

Durante la mañana los helicópteros intentaron acercarse varias veces, alguno se metió en la nube pero pensamos que no los consiguieron sacar de allí. 

Después de comer mejoró un poco el tiempo y a pesar de lo que les había pasado a los polacos Borja y yo decidimos escalar un poco para reconocer la vía e, incluso, subir a Solvay si podíamos y lo veíamos factible y de forma segura.

Llegamos al comienzo de la vía y allí seguían  los bastones de los polacos. Sin nieve aquello hubiera sido un paseo emocionante y divertido pero los 20 o 30 cm de nieve que había sobre cada repisa hacían de cada paso algo arriesgado y de un posible resbalón una caída mortal por un tobogán de hielo interminable...

En fin, nos subimos las primeras maromas (cuerdas fijas) y ya la cosa prometía. Crampones obligatorios antes de empezar, pasos comprometidos y trepadas exigentes y expuestas. Cada paso que daba pensaba en dos cosas, en lo difícil que iba a ser dar ese paso a la bajada, seguro que más que a la subida, y en Gema, en las ganas que tenía de volver a verla y en lo que una mi muerte supondría para ella... Suelo evitar conscientemente esta clase de pensamientos negativos pues nublan la mente y no le dejan a uno actuar con seguridad pero la realidad en la que estaba inmerso en ese momento era más fuerte que mi sangre fría... Pero me concentré todo lo que pude en lo que estaba haciendo.

(Y aquí Ricardo nos perdió de vista y ni Borja ni yo llevábamos cámara)

Tras diez minutos y varias trepadas en mixto era consciente de que no iba a ser capaz de mantener ese nivel de concentración, subir subíamos, estoy seguro de que hubiéramos llegado a la cumbre, pero de vez en cuando, al mirar hacia atrás o hacia abajo y ver nuestras huellas dudaba, dudábamos.... ¿Seguimos? - "La vuelta va a ser una locura y no hemos hecho más que empezar." - "Venga, sigamos hasta aquella repisa, a ver si mejora..." - Y así seguimos durante media hora, concentrados en cada movimiento, en cada paso, hasta que llegamos a un sistema de repisas encajonado en un diedro de unos 30 metros de alto. Insisto en que lo hubiéramos subido pero... ¿Hubiéramos podido bajarlo también?

Si la cumbre hubiera estado cerca en ese momento nos hubiéramos atado y la hubiéramos alcanzado pero llevaríamos ascendidos unos 100 metros de los mas de 1000 que tenía la ruta. Nos planteamos atarnos y subir en ensamble y, durante unos cinco segundos lucharon a muerte nuestra ambición y la prudencia... Y ganó la prudencia. 

Y menos mal que ganó la prudencia porque la vuelta me costó, Borja tuvo que ayudarme a destrepar una fisura llena de hielo de unos tres metros de alto que ya me había costado lo mío subir y que yo solo no hubiera sido capaz de bajar, destrepamos las maromas y nos metimos en la tienda exhaustos.


Sólo había pasado una hora y media desde que habíamos salido a reconocer la vía. Hablamos un buen rato sobre lo que habíamos visto y sentido al escalar y al destrepar y sobre cómo pensábamos que iban a evolucionar las condiciones y, cerca del anochecer, sabiendo que hacían falta muchos días, quizá semanas, para que la vía volviera a estar en condiciones, decidimos recogerlo todo y bajar a "nuestro hogar".

Desmontamos el chiringo y bajamos cargados como auténticas mulas hasta la caseta. Llegamos sudando como pollos, empapados por dentro y por fuera así que volvimos a encender la estufa, cenamos y nos tomamos el asunto con humor. Bromeamos un poco sobre lo mal que olíamos y nos echamos unas buenas risas. "¡Joder chicos, " - dije - "Mañana me voy a quitar los gallumbos como cuando quitas el papel a una magdalena!"
No puedo hablar por los demás, sólo por mí, me sentía mal, es difícil de explicar... Cuando me propongo algo en serio hago lo que sea por lograrlo, pocas veces me he propuesto algo en serio y no lo he conseguido, me sobran dedos en una mano, y ésta era la segunda vez que el Cervino me negaba su cumbre. No era una derrota, no me sentía derrotado por el Matterhorn, no, era frustración, desilusión más bien, no sé, había dedicado innumerables horas a planificar el viaje entre otras cosas mirando el histórico meteorológico que indicaba que Julio era le mes con menos precipitaciones del año... En fin, hay sitios a los que preferiría no volver, sitios a los que me gustaría hacerlo y sitios a los que tengo o debo volver. Al Alpamayo tengo que volver con Fran, no sólo porque se lo prometí sino porque lo deseo y al Cervino tengo que volver porque alcanzar su cumbre es una de las cosas que tengo que hacer antes de morir. (Debería formalizar ésta lista)
Y pudiendo haberme dejado consumir por estas sensaciones y haberme amargado en un bucle infinito decidí no hacerlo, trasladé mis pensamientos a mi casa, junto a quien yo más quiero... 

Dormí plácidamente.

Expedición al Matterhorn 2014. LUGARES PRIVILEGIADOS

30/06/2014

A primera hora de la mañana abrí el ojo, descorrí una manta que habíamos puesto tapando la ventana y vi que había en el suelo una fina capa de tiene el cielo cubierto aunque ya no nevaba. Serían las 6 de la mañana. Todos dormían. Tenía ganas de salir a darle patadas a algo y de chillar y cagarme en todo... Pero cerré los ojos y me volví a dormir.

Un buen rato después me despertó la luz, descorrí la manta otra vez y me cegó el resplandor del día. ¡Eh! ¡Está totalmente despejado! - Chillé - ¡¡Vamos vamos!! Salimos a mirar y ya casi no había nubes. Mientras desayunábamos a toda prisa fueron apareciendo por allí distintos grupos de turistas japoneses paseando y aprovechando el buen tiempo. Nosotros nos animamos, claro, recogimos "nuestro hogar" y tiramos "parriba". 

La nieve había asentado bastante y nos cruzamos a gente caminando por nuestra huella del día anterior, incluido el tramo de trepada que hicimos para evitar aquel nevero con riesgo de alud. Al llegar al refugio había dos obreros justo donde habíamos dejado los cacharros y fliparon al ver de dónde y qué sacábamos porque no lo habían visto y eso que lo habían tenido delante toda la mañana. Lo echamos al macuto y seguimos andando por la cresta hacía arriba. Al rebasar el refugio me asomé y la nieve había tapado completamente los vivaks, encontrar la mochila iba a ser, por lo menos, divertido, pero primero teníamos que montar nuestro chiringuito.


Seguimos subiendo y como no encontramos ningún camino claro para bajar a los vivaks, tras valorar varios sitios, decidimos acampar en un alto que hay muy cerca de la base de la pared, justo junto a un hermoso cartel de prohibido acampar porque de esa zona sacaba agua potable el refugio. Como estábamos solos y el refugio estaba cerrado pensamos que si éramos limpios y nos alejábamos mucho para hacer nuestras necesidades a nadie tendría por qué molestarle ni afectarle si acampábamos allí. Total, que montamos nuestro chiringuito y nos fuimos Borja y yo en busca de su mochila. 

Desde arriba apenas quedaban marcas de donde estaban los vivaks pero fijándose un poco si que aparecían formas en la nieve y pude orientarme un poco e intuir mas o menos dónde podía estar. Según empecé a bajar fijé mi atención en uno de los muchos bultos que había en la nieve pero bajé haciendo eses de bulto en bulto sin perderlo de vista, por si acaso. Al llegar a la altura de mi objetivo ya no lo tenía tan claro y sin muchas esperanzas clavé el piolet y tiré de una piedra que había debajo. ¡Joder, va a ser aquí! ¡Que potra! Me puse a cavar y salieron muchas más piedras pero al mirar en el agujero sólo vi nieve. Dudé. ¿Se lo habrá llevado alguien? Me quité los guantes y metí la mano para escarbar un poco más y debajo, lo que toqué, fue mi chubasquero. ¡Uf! ¡Menos mal! Y otra vez: ¡Qué potra! 

Tras dejar la mochila en la tienda me volví a acercar a la base de la vía y volví a ver huellas en la nieve hasta el comienzo de la vía donde además había tres bastones clavados. Alguien, posiblemente tres personas, estaban escalando el Matterhorn. ¿Por dónde estarán? 

Había nubes en el horizonte y en la cumbre y ya era tarde, o son unos cracks o unos inconscientes... Dedicamos el resto de la tarde a ver anochecer, a ver la sombra del Cervino comerse el Breithorn mientras los glaciares de alrededor enrojecían poco a poco y las nubes se acercaban.

Y cayó la noche y de allí no bajó nadie. Hacía mucho frío, tras cenar me metí en el saco y me quedé dormido casi al momento... Al poco rato oí que Ricardo decía que había alguien en la cabaña Solvay y que le habían dado luces. 
Volvamos un poco atrás en el tiempo: ese mismo día, subiendo a montar la tienda, nos cruzamos con un guía italiano que nos dijo que el estado de la vía era sólo para especialistas, eso por un lado, por otro lado Borja estuvo hablando con una pareja de asturianos que bajaban que le dijeron que tuvieramos cuidado con la montaña y que habían visto empezar a subir a dos hombres y una mujer polacos... y el italiano nos dijo también que les había visto ascender muy lentos...
En fin, que los polacos nos hicieron, por lo visto, señas, ráfagas de luces. Ricardo había salido a mear, lejos de donde estábamos para no contaminar el agua del refugio, y esta gente al ver la luz de Ricardo le hicieron ráfagas. No era un S.O.S., parecía un simple saludo, sin más...

¡Buenas noches gente!