lunes, 10 de agosto de 2015

Vietnam: diario de viaje (X)

25/05/2015 Entre las 12 y las 13


Tras mucho tiempo en moto por media isla hemos dado con un chiringuito y escribo a pocos metros del mar tomándome una Bia Saigon muy fría. Voy a contaros lo de las inmersiones.
 
Con Cristina y el resto de la tripulación de Flipper, una pareja de rusos y una pareja de americanos, Dave y Rachel, que viven y trabajan de profesores de inglés en Saigon, nos montamos en el bus y prácticamente no hablamos en todo el trayecto, unos 45 minutos y llegamos a una playa al sur de la isla donde había unos cuantos barcos grandes parecidos pero más pequeños, a los de Halong Bay.
 
Vino a buscarnos una barca pequeña primero a unos pocos y luego al resto y al material. Quang nos explicó las normas del barco y luego yo, intentando romper el hielo nos presenté a mi y a Gema, pero el resto fueron un poco soso menos Quang con quien bromeamos porque nuestros nombres son casi iguales.

Zarpó el barco y pusimos rumbo hacia una serie de pequeñas islas en busca de una zona tranquila y con buena visibilidad para bucear. Resulta que como estamos muy cerca del delta del Mekong las aguas por aquí suelen estar turbias y hay que elegir bien la zona porque la visibilidad también depende del viento.

Respecto al buceo tengo que decir que se nos dio bien, hicimos don inmersiones de poca profundidad, una hasta 17,5 metros y otra hasta 12 y en ambas vimos muchos peces y corales distintos, pero la visibilidad no era demasiado buena, quizá de 10 metros. Después del buceo, de vuelta a la playa, nos dieron de comer y cuando llegamos a la playa nos organizamos entre todos para llevar todo el material a la furgoneta y nos volvimos al pueblo Doung Dong. Fuimos a nuestra pensión (se llama Hiep Phong) y nos duchamos y nos montamos en la moto y de pura chiripa acabamos en un chiringuito en la playa y vimos una puesta de sol espectacular mientras nos tomábamos una cerveza yo y un coco Gema.
 
 
 
 
Me llamó la atención que en esta isla hay muchos perros pero también muchas salamanquesas muy parecidas a las que hay en mi casa de Madrid, como la de mi tatuaje.

Volvimos y aparcamos la moto en la pensión y, de camino al mercado nocturno, me gustó un restaurante cutrecillo que había en una curva de una calle tranquila y, tras dar un paseo por el mercado volvimos y nos sentamos allí. Supongo que era el hijo de los dueños el que nos atendió, debía de tener 14 o 15 años y nos ayudó a elegir. En este sitio había ollas calientes y mini parrillas y nos recomendó la que más le gustaba a él. Toda la carne que ponían era de cabra y nunca habíamos comido cabra como tal... nos trajeron un plato con trozos pequeños de carne de cabra, un cacharro con brasas y una pequeña parrilla para cocinar nosotros la carne y también unos trozos de piña, cilantro y otras verduras que no supimos identificar, parecido al pepino pero más fino y alargado. Además el chico nos enseñó a preparar la salsa, juntó en un cuenquito pequeño una salsa color mostaza que debía tener piña y más ingredientes y unas gotas de un aceite con algo muy muy picante y usamos esa salsa con los trozos de carne que íbamos haciendo también como condimento para el arroz... !Qué picor más rico! !Qué bien cenamos! y... !fue super barato!
 

 
Luego volvimos a la pensión y yo me puse a escribir hasta casi quedarme dormido. 

Esta mañana nos hemos levantado sin prisa, hemos preparado una mochila y nos hemos ido de aventuras en moto por la isla. Por la carretera principal hemos bajado hasta el pueblo más al sur de la isla An Thai y tras una visita fugaz hemos vuelto sobre nuestros pasos y justo donde empezaba la carretera nos hemos metido por una pista de tierra que nos ha llevado durante kilómetros y kilómetros a los largo de la costa oeste, junto a la playa de Long (Dragón) hasta Duong Dong. Luego hemos seguido por la carretera y he improvisado una salida y hemos ido otra vez pegados a la costa, por otro camino de tierra durante muchos baches y kilómetros hasta que hemos visto la entrada al chiringuito de playa desde el que ahora escribo. 
 
Hemos visto, porque nos hemos parado, que las zonas de playa virgenes están realmente sucias, es una pena que esta gente, siendo tantos como son, no tengan conciencia del medio ambiente y no tengan en cuenta que si hacen una comida y luego dejan allí toda la basura que generan ese sitio maravilloso deja de serlo para todos los que vengan tras ellos.

Me da mucha pena y mucha rabia porque lo que podría haber sido y alguna vez fue un verdadero paraiso natural ahora parecía más un estercolero. Quizá en ese aspecto si sea bueno que se incremente el turismo en esta zona del mundo porque frente al chiringuito he visto un par de veces ya a un señor recogiendo y quitando distintas basuras que el mar traía hasta la orilla.

Mientras escribía esto nos ha dado tiempo a comer, hemos elegido un pez y nos lo han cocinado con especias, a la brasa, pero dentro de un papel de aluminio, con arroz y una ensalada muy básica, luego Gema se ha vuelto a la tumbona a reposar un ratito y se acaba de levantar.

Por fin me he puesto al día con el diario y me da la sensación de que difícilmente podría plasmar todo lo que me gustaría pero también, al quedarme corto, estas palabras podrían servir de aliciente a potenciales viajeros a decidirse por Vietnam en busca de sensaciones y experiencias similares a las que os estoy contando, quizá debería editar y publicar este y otros cuadernos de viaje como complemento o alternativa a las típicas y demasiado exhaustivas a veces guías de viaje. Nos queda todo el mundo por descubrir.

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