sábado, 6 de junio de 2015

Vietnam: diario de viaje (III)

18/05/2015 12:38

Imposible escribir… sigo luego en el tren… 

18/05/2015 20:57 

Estoy tumbado en la litera de arriba de un camarote de un tren de camino a Sapa. El otro día escribí en un autobús camino a la Bahía de Ha-Long y esta mañana he intentado escribir en el autobús de vuelta pero me ha sido imposible. La excursión a la bahía de Ha-Long ha sido espectacular, voy a intentar no dejar sin contar ni un solo detalle porque los que leéis esto os lo merecéis.

Como os contaba el otro día en nuestro grupo éramos un matrimonio indio de apellidos impronunciables y nombres imposibles de recordar (lo siento muchísimo pero no he sido capaz), Oli, Gema y yo... y Phu, claro, nuestro guía, un chico muy simpático que además habla muy buen inglés y es fácil entenderse con él. 

Nos montamos en una pequeña lancha de madera y hierro techada y nos llevaron al “Phoenix Luxury” un barco de tres pisos, tamaño mediano en comparación con otros barcos de la zona pero bastante grande en realidad y todo de madera. En el barco nos recibieron con una botella de agua, un zumo y una toalla húmeda y muy fría para refrescarnos y nos llevaron a nuestras habitaciones que estaban muy fresquitas y muy bien equipadas. Al poco nos sentamos en el comedor y nos agasajaron con un montón de platos. La mujer india nos repitió seis veces su nombre impronunciable y les bautizamos como Señor Miyagi y su mujer. 
  
Tras comer nos subimos a la cubierta superior, que tenía dos zonas, una con tumbonas para tomar el sol y otra con sillas y mesas tapada con un toldo. Ahí estuvimos un buen rato viendo un paisaje fabuloso y yo me bajé un ratito a echar una siesta rapidita. Dije: “me voy a poner un fax urgente y luego puede que me eche un ratito la siesta… bueno, no sé si me la voy a echar o no”.


  
 
 

Me desperté a la media hora y justo acabábamos de parar. Habían recogido por el camino o les habían acercado unos kayaks así que nos pusimos unos chalecos y salimos de paseo. En uno de los kayaks iba el Señor Miyagi con Phu, Miyagi no tocó el remo pero hizo muchas fotos, en otro iba Oli, en otro uno de los chicos de la tripulación y en el otro íbamos Gema y yo. 
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El paseo muy chulo, primero nos acercaron a una cueva y entramos muy poco porque por lo visto allí había muerto un turista. Luego atravesamos por otra cueva, ésta más alta y amplia que la anterior, y luego por otra como esta hasta una especie de lago en el que pudimos ver alguna medusa. Allí Phu nos contó que en esa zona había monos pero que su número se había reducido de las varias docenas de miles a tan solo unos 70 porque había una costumbre de comérselos, pero no de cualquier manera, comerse su cerebro estando los monos vivos… una pena. 

De vuelta al barco intenté hacer un poco de psicobloc (escalar sin protección desde el agua) pero Gema no se maneja nada bien con los remos, nos acercamos a la pared y tras varios intentos de agarrarme a ella el barco se movió y acabé en el agua y en realidad todos lo veíamos venir. Al llegar al barco recogimos los kayaks y se los llevaron y luego nos dimos un baño, nadamos un poco por ahí cerca del barco pero luego Gema y yo nos acercamos nadando hasta la pared. Después de varios intentos conseguí encaramarme pero sin los pies de gato no conseguí hacer gran cosa, hacer el gañán y entretenerme yo y a los barcos de alrededor, que no es poco. 

Volvimos nadando al barco y nos duchamos. En la cubierta nos tenían preparado un poco de fruta, café y té. Desde allí pudimos relajarnos y hacer muchas fotos de la puesta de sol mientras el barco se acercaba al lugar donde íbamos a pasar la noche. Se puso el sol y estábamos a punto de quedarnos dormidos en las tumbonas cuando vino Phu y nos dijo que ya casi estaba la cena. 
 
  
 
 
 
A nosotros no nos pusieron sorbete de sesos de monos como en el palacio de Indiana Jones, pero sí mucho pescado, una cena completa, variada y deliciosa. Tras la cena, nos dieron unas cañas de bambú con un anzuelo y un sedal, encendieron un foco en un lateral del barco, concretamente en la amura de babor por so a algún entendido le interesa, y allí intentamos pescar calamares, los cocineros ya habían pescado dos mientras cenábamos. Tras una hora sin resultados, me da que nuestra técnica no es la más correcta, dejamos la caña de pescar y nos tomamos una caña (de beber) y nos fuimos a dormir. 
 
 
A las 5 de la mañana Oli se ha levantado a ver el amanecer pero había neblina y no se veía nada y se ha vuelto a acostar. A las 7 nos hemos levantado y hemos desayunado y a las 8 nos hemos acercado a ver una cueva (no recuerdo el nombre, pero está en fotos) muy chula, creemos que ésta fue la cueva donde Picolo abandonó a Son Goanda. En la cueva había una curiosidad: una roca con forma de polla roja apuntando a un agujero redondo y negro… no digo ná!!
 
 
 
 

Luego hemos vuelto al barco y Mr. Phu nos ha enseñado a hacer rollitos vietnamitas, tanto cómo se preparan los ingredientes y los distintos tipos de rollitos que hay como cómo se enrollan y ahí hemos estado haciendo rollitos. Cuando hemos terminado de hacer rollitos se los han llevado a la cocina para prepararlos y comer, la verdad es que estaban buenísimos, tanto los rollitos como los calamares que pescaron ayer. El señor Miyagui no ha querido tocar la comida, probablemente no haya cocinado en su vida y tengo que decir que manda mucho, no sólo a su mujer… Para lo pequeño que es tiene muy mala hostia, la debe tener toda concentrada.

Y bueno, hemos llegado al puerto y nos hemos hecho 4 horas de autobús, con parada técnica en la tienda de souvenirs del cuñado de alguno de los guías, y por culpa de un par de saltos por los baches de la carretera Oli tiene un chichón en la cabeza de una hostia contra el techo del autobús… Os podéis imaginar el bache.

Al llegar a Hanoi y bajarnos del bus nos estaba esperando el hombre del lanzallamas (es un decir) hacía 36 o 37ºC y hacía un 300% de humedad (sin exagerar). Hemos ido a una tienda a buscar un disco duro para pasar todas las fotos pero en la tienda donde venden productos originales valían más o menos lo mismo que en Madrid. Desde ahí hemos andado hasta la oficina de One More Destination a ver a David. Al llegar hasta allí he sudado como un pollo, he llegado con la camisa chorreando literalmente, una pasada el calor. 

David nos ha organizado un viaje a Sapa del que aún no puedo dar muchos más detalles que los que sé: 

  • Vamos en tren nocturno, éste desde donde escribo
  • Nos recogen y nos llevan a Sapa 
  • En Sapa tenemos hotel, ducha, treking largo y vuelta 
  • Noche en hotel 
  • Otro treking por otro sitio y 
  • Vuelta a Hanoi también en tren nocturno 
Así que hemos ido a casa de Jose, nos hemos duchado, hemos preparado el macuto y, de vuelta de la ciudad hemos parado en una hamburguesería. No quiero dar más detalles de cómo pero ahí les hemos dejado un mensaje a Miguel y Claudia que se casan dentro de poco y tienen intención de pasar por Hanoi durante su viaje de novias y tendrán que acercarse a Tracy`s a buscar el mensaje. 

Luego hemos ido a la estación de tren, yo pensaba ir a la taquilla, pero un chico que había sentado junto a una policía vieja nos ha dicho algo… yo no pensaba hacerle ni puto caso, pero Oliver y Gema se han parado y le han enseñado nuestro billete. El chico, muy amable él, nos ha acompañado a través de la estación, hemos cruzado las vías y al llegar al otro lado nos ha dicho que era allí, que nuestro tren llegaba en un rato y que le diéramos propina.

-- ¿Propina? ¡¡¿Qué propina?!! --- Amigo, te voy a dar algo pero para que no nos des el coñazo…  y he buscado en el fondo y he sacado el billete más pequeño que teníamos, uno de 2.000 VND (que vienen a ser 10 céntimos de euro).

Mientras yo hurgaba en el monedero él hablaba con dos lugareños que había por allí, como queriendo decir y probablemente diciendo, a ver cuánta pasta les saco a estos guiris de mierda por acercarles hasta aquí… y al ver los 2.000 VND ha dicho que no lo quería que le diéramos más, le he dicho en vietnamita del bueno “o esto o nada, colega. ¿Lo quieres o no? No? NO” Pues, Ea! He guardado los 2.000 VND y hemos ido a unas taquillas que había por ahí. 

Y allí hemos esperado nuestro tren y aquí estamos, de bamboleo y tracatrá. En nuestro camarote estamos nosotros tres y un guía que viene con un grupo de holandeses. Los holandeses están borrachos un poco más adelante y el guía está roncando como un bendito, igual que los demás porque todo lo que acabáis de leer lo he escrito en este rato, quizá un par de horas, y ya estoy cansado de escribir por hoy, así que...

¡Hasta mañana!

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