jueves, 10 de julio de 2014

Expedición al Matterhorn 2014. DE LA LLUVIA A LA NIEVE

29/06/2014

Llueve a mares. ¡Qué putada mas grande!

Tras desayunar (recogimos agua de lluvia el día anterior para tener para el café) y pensar ucho decidimos que si había que aguantar más tiempo ahí hacía falta más comida de verdad, queso embutidos y cosas así y no solo barritas energéticas, comida liofilizada y muesli. Borja se ofreció voluntario a bajar a por ella y, ya de paso, a por unas cervezas. Bajó en teleférico a Zermatt y cogió un taxi hasta el camping para coger de allí provisiones que teníamos. Hoy también íbamos bien comunicados y pudimos, pese a la distancia, hablar por radio con él. Mientras Borja estaba fuera Ricardo y yo encontramos un cuaderno y un bolígrafo y dibujé un parchís para el que usamos, como fichas, unas caracolas de pasta que también había por allí. Como sólo teníamos un bolígrafo de un color hice cuatro equipos, A,B,C y D, y marqué las caracolas con sus correspondientes letras... Y así matamos el tiempo.

Cuando llegó Borja aún llovía bastante, comimos algo y por la tarde salió un poco el sol y nos dejó ver un Matterhorn con su cara más invernal. Como había abierto el día y ya había comida y material arriba decidimos hacer otro porteo y subir más cosas, todo el material de escalada, cacharros y cuerdas, y la tienda de campaña. 




El Hörnlihutte

Según subíamos me dí cuenta de que todo había cambiado, las rocas por las que el día anterior había bajado dando saltos ahora estaban cubiertas de nieve y fui capaz de seguir el camino y de abrir huella sólo por que el día anterior había pasado por allí. Uno de los últimos neveros no me atreví a cruzarlo dado que la inclinación en ese punto, entre 50 y 60 grados, y la nieve, entre 30 y 40 cm, suponían un claro peligro de avalancha así que nos tocó trepar un poco. A Ricardo aquella idea de trepar no le pareció prudente y nos esperó allí, Borja y yo subimos, fuí abriendo huella hasta el agotamiento... ¡joder! Había zonas con más de medio metro de nieve virgen y el cabreo crecía en mi interior, por un lado pensaba que iba a ser imposible la escalada con tanta nieve y por otro lado no iba a rendirme tan fácilmente y, aunque en ese momento volvía a nevar, albergaba la esperanza de que en un par de días de sol se derretiría todo y la montaña volvería a estar en las mismas condiciones que en días anteriores. 

De zancada en zancada, sumido en estos pensamientos y a un ritmo inhumano llegamos al refugio y lo rodeamos, esta vez por la derecha. Habíamos tardado casi el doble que yo el día anterior y ya era tarde, no era prudente seguir y Ricardo estaba esperandonos más abajo. Nos colamos dentro del perímetro de la obra y escondimos las cuerdas, la tienda y toda la cacharrería de escalada detrás de unos tablones junto a lo que parecía la entrada a la cocina del refugio y empezamos a bajar. Llegamos al que ya era nuestro hogar, casi de noche, estaba nevando y todos estábamos mojados, con frío y de bastante mal humor... Puesto que estábamos empapados, esta vez sí, encendimos la estufa. Había sido un buen tute y con el calor de la estufa el frío se había convertido en hambre. Cenamos bien y nos tomamos las cervezas que había subido Borja. 

La sobremesa la recuerdo calentita, y quiero decir tensa, ya sabíamos que la nieve hacía prácticamente imposible nuestra escalada, no es que no fueramos a subir por las cuatro aristas como en el mejor de nuestros sueños, no, es que no íbamos a poder subir por ninguna. Discutimos y surgieron planes alternativos... Pero habíamos invertido mucho esfuerzo y teníamos mucho dinero repartido por los alrededores del Hornlihutte en forma de material y comida de montaña. 

Era de noche, nevaba y sólo podíamos esperar.


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