martes, 15 de julio de 2014

Expedición al Matterhorn 2014. LAS FIEBRES DEL MONT BLANC

05/07/2014

Amaneció lloviendo (¡jooooooooder!) pero a las 10 despejó un poco y empezamos a preparar los macutos muy tranquilamente y las 12:30 o una salimos hacia el pueblo y allí nos comimos un kebab buenísimo antes de coger el teleférico. La estación intermedia estaba nublada, había nubes justo por encima nuestro y no vimos el sol hasta quedarnos a ras de las nubes al llegar al Aiguille du Midi.
Justo a la entrada del túnel de hielo "nos pusimos guapos", crampones, casco, piolet... Y ya fuera, en la "terraza", rodeados de turistas haciéndonos fotos nos atamos, cruzamos una puerta metálica pequeña en la que se leía algo parecido a "Intrepids only" (ni lo recuerdo exactamente pero el mensaje era ese) y salimos a la cresta, a descender hacia el glaciar.
Por lo visto desde hacer varios años está prohibido acampar en el glaciar y estaban multando de vez en cuando a los que dejaban la tienda montada durante el día. LA última vez que estuve allí, también con Ricardo, en 2010, habría unas 10 o 12 tiendas por lo menos y esta vez tan solo una. Bajamos y en un gran hueco que ya había en la nieve dejado por otros montamos nuestro chiringuito justo a tiempo para meternos dentro antes de que una nube lo tapara todo. En el suelo de la tienda pusimos una manta de supervivencia gorda a mode de aislante extra, echamos nuestras esterillas y, vestidos, nos metimos en el saco... Hacía un frío de la hostia. Salí a por nieve, la fundimos y nos hicimos unos tés y a eso de las ocho nos hicimos la cena e intentamos dormirnos con intención de levantarnos a media noche para poder echar a andar a la una. Yo no podía dormir, no hacía más que pensar en mis cosas, sobretodo en las ganas que tenía de estar en casa con Gema, la echaba muchísimo de menos... Dí muchas vueltas hasta que conseguí dormirme.

Algo me despertó, ruido de una cremallera, era Ricardo que entraba en la tienda, había salido a mear. "¿Qué hora es?" - "No sé" -"Borja, tío, ¿qué hora es?" Borja se retorció, no encontraba el móvil, y al incorporarse su móvil cayó, lo había tenido pegado a la espalda, se había dormido sobre él... "Las tres!" - dijo.

¡NO ME JODAS!

La verdad es que me cogí un cabreo de órdago. Salí a por nieve y ví las luces de una cordada llegando a la parte alta del glaciar del Tacul, nos sacaban horas de ventaja, y otra en esa dirección comenzando a subir, otra cordada pequeña saliendo del refugio de los cósmicos (Les Cosmiques) y un grupo numeroso en la pùerta, supongo que atándose... Íbamos a ser los putos últimos...

Hice café y "desayunamos", tanto Ricardo como Borja dijeronque se encontraban mal, con fiebre, Borja de hecho llevaba unos días así e incluso en el camping dijo que no debería subir en esas condiciones... Pero allí estábamos los tres.

En cuanto terminamos de disfrazarnos de alpinistas para la ocasión y cerramos la tienda (no pensaba perder un segundo en desmontarla e incluso me comprometí a pagar yo la multa si nos la ponían, nos pusimos a andar en el mismo orden que lo hiciéramos en los Breithorns y al descender hasta aquí el día anterior; yo delante, Borja en el medio y Ricardo el último. Iba a todo lo que mi corazónb y mis pulmones me dejaban y varias veces me hicieron bajar el ritmo, los dos estaban jodidos, con escalofríos, sudores fríos, flojera y dolor de cabeza... Y no fue difícil tomar la decisión, así no podíamos seguir subiendo por mucho que yo ya hubiera decidido dedicar aquella jornada y las posibles cumbres al recuerdo y la memoria de mi padre, había que abortar misión.

Nos sentamos un momento, no habíamos llegado ni a la primera grieta, quizá la tercera o la cuarta parte de la primera subida, estaba amaneciendo y las vistas eran espectaculares y decidimos, cosa mía, que en vez de volver directamente a la tienda teníamos que explorar un poco el glaciar y acercarnos a una grieta cercana en la que el día anterior habíamos visto gente. Al poco de volver a ponernos en marcha, esta vez cuesta abajo en dirección a esa gran grieta, el sol comenzó a iluminar la nieve, el hielo y la montaña, al principio con colores rosados y luego anaranjados hasta que nos tocaron los primeros rayos del sol y nos cambió la cara a todos.
Llegamos a la grieta y con una estaca y un piolet en horizontal montamos una reunión a prueba de bombas y allí montamos un rápel por el que bajé a la grieta. El "suelo" estaría a unos 15 metros y digo suelo pero probáblemente se tratara de un falso suelo, el techo de la grieta encajonado entre los muros de la grieta al desplomarse... Por eso no bajamos los tres sino que montamos la reunión desde arriba. Una vez abajo me até al extremo de las cuerdas, cogí los piolets y me dispuse a escalar la pared. Estaba un pelín desplomado y además había un techito justo al final, además, el hielo, como en realidad eran capas de nieve del glaciar, era muy variable, había capas muy duras y capas sobre las que el piolet no se calvaba sino que rascaba la nieve y se salía. En la salida del techito me colgé de la cuerda varias veces, era muy complicado y me estaba reventando los antebrazos porque al estar desplomado los pies sirven para mantener el equilibrio y poco más, sin duda esta ha sido la escalada en hielo más dura que he hecho nunca (tampoco es que haya hecho mucha) aún yendo de segundo... Luego hicieron lo mismo Ricardo y Borja (que cabrones, que altos son y con que facilidad subieron los dos) y como vimos que empezaban a entrar nubes desde la cumbre decidimos recoger lo antes posible e irnos ya que estábamos hasta los mismísimos cojones del mal tiempo. Queríamos salir de allí aún con sol. 

 
 

Una vez atados otra vez, para andar por el glaciar hasta la tienda con seguridad, Borja y yo decidimos hacer una prueba de nuestro sistema de seguridad, un Machard bidireccional que en teoría detendría una caída de cualquiera de nosotros y supondría parte de un mecanismo de autorescate facilitando montar un polipasto para izar al caído. Cogí un poco de carrerilla, dos o tres pasos, y me tiré al suelo simulando una caída en una grieta. Al tirarme al suelo me hice daño en el dedo gordo de la mano izquierda porque la cuerda frenó mi caída antes de lo que yo esperaba y me desequilibró, ahora, escribiendo, es solo una molestia, nada grave supongo, pero en el momento me dolía tanto que no era capaz de usar la mano para casi nada y Ricardo me inmovilizó el dedo con venda y esparadrapo.
Entre Ricardo y Borja recogieron la tienda, yo sólo pude echarles una mano... Y nos fuimos del glaciar. La subida hasta el teleférico, 200 o 300 metros de desnivel, se hace larga pero la última cresta hasta el tunel de hielo de la estación, plagado de turistas de todas las nacionalidades pero sobretodo japoneses haciendonos fotos y grabando nuestros últimos pasos sobre el filo de la cresta mereció la pena. "Sonreíd chicos que está todo el mundo grabándonos" Y con una sonrisa entramos los tres a ese balcón en el que nos hicieron un pasillo observándonos sorprendidos y sin dejar de grabar.

Ya dentro nos quitamos los crampones y nos desatamos pero nos metimos en el teleférico con el arnés puesto y toda la cacharrería aún colgando y al llegar abajo del todo seguimos directamente hasta el camping dando la nota con nuestras pintas y la tintinela de tornillos de hielo, cintas y mosquetones bailando en los arneses... Hacía muchísimo calor.

En el camping pudimos secar y ordenar todo, luego salimos a tomar unas cervezas y como a las cinco, arrastrando todos un dolor de cabeza considerable y llegando de vuelta al camping (¡Oh, sorpresa!) se puso a llover, a llover a mares, a mares de verdad. Rayos y truenos, goterones, viento. Cayó una tormenta de las gordas...

- ¿Qué hacemos?
- Yo estoy hasta los huevos del frío y del mal tiempo
- Y yo
- ¿Y si nos vamos a España y hacemos una parada a escalar de camino?
- ¡Podríamos ir a Montserrat, pilla de camino y no lo conozco!
- O hacer la Salenques-tempestades al Aneto que es muy exigente y estamos super bien aclimatados
- ¿Más montaña?¿En serio?
- Buf!
- Podríamos una relámpago a la Norte del Perdido, en el día.
- ¡Ese plan me mola mucho!
- Bueno, casi mejor mañana miramos el tiempo y decidimos sobre la marcha...

Y así estuvimos un rato hablando, planteamos varias posibilidades, todas grandes aventurillas. 

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