lunes, 22 de abril de 2013

Cuba: diario de viaje (día 2)

-- 24 de marzo de 2013 --
(otra vez escribe Juan)

Nos levantamos pronto y salimos de la casa a las 8.30 / 9.00.
Al llegar al Parque Central estábamos mirando dónde desayunar y un tipo que dijo tener algo que ver con turismo nos recomendó un sitio bajo el Hotel Inglaterra. Desayunamos bien y no demasiado caro, unos 10 CUC por los cuatro. Al acabar cruzamos hasta el Hotel Plaza a recoger nuestro coche y tras esperar a que acabaran con unos guiris nos sentamos en el mostrador. Le dimos los papeles que Raúl traía del alquiler y entonces Rodolfo (así se llamaba) nos pidió el Voucher, que es el comprobante final para llevarte el coche y que nosotros no teníamos. Cundió el pánico, necesitábamos internet para comprobar el correo de Raúl a ver si había llegado ese corre con el Voucher, pero en el Hotel no nos pudieron (o quisieron) vender una tarjeta para acceder a internet en el cyber café, tampoco tenían tarjetas para el teléfono, preguntamos y nos mandaron al Hotel Plaza Central… y tampoco tenían; volvimos a preguntar y nos mandaron a una tienda que tampoco tenía Internet, ni tarjetas ni posibilidades para nosotros… 
(El Hotel Plaza, ahí debería haber estado nuestro coche)
(Junto al hotel)

Nos mandaron a un Telepunto al que tardamos un rato en llegar y tras un buen rato en la cola, el guarda/vigilante nos preguntó qué queríamos y al decirle que una tarjeta para internet nos dijo que no quedaban, que preguntáramos en La Habana Vieja, que era de donde veníamos y no había… desesperados volvimos a Casa Martha. 
(Una de las entradas al barrio chino, cerca del Telepunto)
(Otra de las entradas, en un bar de ese callejón es donde cenamos la primera noche al llegar)

Allí estaban Rubén y Agustín y pudimos acceder a “Intelné” desde su ordenador. En el correo de Raúl no estaba el Voucher pero sí que había un teléfono celular al que llamamos. Raúl dijo que tenía una reserva, que su nombre era Raúl y la chica sabía sus apellidos lo cual nos tranquilizó bastante. 

El tema fue que no les quedaban coches cerca de donde estábamos así que nos tocó coger un taxi hasta el barrio “chic” de La Habana, la zona diplomática: Miramar, en la 5ª avenida con 84. Nos costó un rato dar con un taxi oficial, un Cubataxi de los amarillos. Hablamos de muchas cosascon el taxista, entre ellas del tiempo y Raúl le preguntó al taxista si alguna vez había nevado en Cuba a lo que el taxista contestó: ¿Qué cosaaaaaa? Jajaja (os lo tenéis que imaginar con acento cubano, si no no tiene gracia, nosotros nos reímos bastante... Además, habíamos pasado un mal rato pensando que igual nos habían timado con el coche y tocaba alegrar el día un poco...)

Al final llegamos a Cubacar, nos atendió otro Agustín, un hombre muy amable, y tras un rato de papeles nos entregó un Geely modelo “Nisu” que frena mal y tomamos dirección Mariel. 
(¡Pedazo de buga!)
La carretera al principio estaba bien, pero tras llegar a Mariel la carretera cambió a mucho peor, seguimos rumbo a Cabañas, pero nos perdimos y tuvimos que dar la vuelta… 
Se acercaba la hora de comer y paramos en un sitio cutre de un pueblo muy pequeño en el que sólo quedaban bocadillos de chicharrones y como no a todos nos gustaba, nos fuimos sin tomar nada y seguimos en dirección Cabañas. 

Al doblar una curva vimos un paladar muy cuidado con una familia de cubanos comiendo y nos paramos. Nos atendieron genial y comimos muy bien y barato. Se llamaba “Con 2 que se quieran” y pedimos: una masa frita (cerdo), tres de pollo asado, ensalada, arroz y yuca… y como no cuatro Cristal. Todo nos salió por 13 CUC, muy barato. 
Seguimos la carretera y pasamos Cabañas, Bahía Ancha y después tomamos dirección a Cayo Levisa. Llegando al final de la carretera vimos un cartel de una casa particular, Mario y Antonia, y ahí nos quedamos a dormir esa noche (la población en concreto se llama Palma Rúbia). Por la casa estaba Gregorio, hermano de Mario, nos enseñó su finca y las colindantes, hay una cooperativa gestionada por el gobierno y también fincas particulares, y nos mostró un montón de frutales y hierbas medicinales y dimos un paseo muy agradable y didáctico por el que al finalizar nos pidió “la voluntad” cosa que nos sorprendió pero ya nos íbamosacostumbrando a que nos pida todo el mundo. 
(La cerda)
(Los cerditos)
(Una Palmera Real, a la que antiguamente daban muchísimos usos)
(Gema disfrutando un mango recién cogido del árbol)
(Otra fruta "rara" de cuyo nombre no consigo acordarme)
(Uno de los muchos colibrís que vimos, Raúl por suerte pudo fotografiar varios de ellos)
(Un preciosa puesta de sol que vimos paseando por las huertas de Cayo Levisa)

Antonia, pese a que le dijimos que queríamos cenar ligerito, nos preparó una fuente enorme de pescado, otra de arroz, otra de patatas fritas, otra de malanga frita y varios platos con fruta: plátanos, piña y fruta bomba (papaya, que allí significa otra cosa, algo sexual y femenino ;-) )
(¡tremenda cena!)
(Gema escribiendo, probablemente el día de ayer)
(guardando fruta para el día siguiente... ¡Que risas!)
(apareció una rana en el baño, por cierto, de los baños mejor no os vamos a hablar...)

Y como cenamos a eso de las 20.30 a las 22.30 ya estábamos en la cama intentando descansar para coger fuerzas para el día siguiente, que iríamos en barco hasta el Cayo Levisa, un lugar paradisiaco, una pequeña isla en la que sólo hay un hotelito (20 cabañas) y bonitas playas de aguas cálidas muy frecuentadas por flamencos. Pero del Cayo Levisa os hablaremos en la siguiente entrada...

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