sábado, 27 de abril de 2013

Cuba: diario de viaje (día 9)

-- 31 de marzo de 2013 --
(Escribe Juan)

Hoy, siguiendo el consejo de González, nos hemos levantado sin prisa y hemos desayunado a las 9. Café, zumo, fruta, tostadas con miel y tortilla. De nuevo tras empezar a conocer y a encariñarnos de unas personas estupendas nos ha tocado despedirnos de ellas. De entre todo lo que me llevo de estos dos días en La Boca, junto a playa Ancón, quiero repetir aquí una pregunta retórica del Señor González respecto a los orígenes y la continuidad del bloqueo internacional impuesto por EEUU a Cuba: ¿Por qué creen ustedes que el gobierno de los EEUU no quiere que sus ciudadanos visiten Cuba? 

Tras la despedida hemos subido a las montañas, a Topes de Collantes.

Teníamos intención de ver unas cascadas, pero al ver el precio para los turistas (9 CUC por persona) nos hemos asustado, hemos ido a la casa del café y nos hemos tomado un par de cafés criollos y dos cafés helados y luego nos hemos ido a hacer una ruta más barata (4 CUC por persona) la ruta de la Batata, una ruta fácil y corta hasta una cueva que tiene unas pozas. 

Ha sido bastante bonito porque durante el paseo hemos podido ver tocororos, colibríes y hasta un pájaro carpintero y la cueva no era una cueva, sino un barranco/garganta por la que hemos subido un poco, por un lateral siguiendo un cable anclado a la pared hasta llegar a un charca con algo más de profundidad donde nos hemos bañado. El agua estaba muy fría pero el sitio molaba mucho, ha merecido la pena el paseo hasta allí. Luego, a la vuelta nos hemos comido un bocata junto a la casa del Café y hemos cogido carretera rumbo al norte. 

Al montarnos en el coche me he puesto a escribir y hemos hecho de Topes de Collantes a Trinidad y de ahí, tras esquivar a varios jineteros a la entrada de Trinidad, hemos seguido a Sancti Spiritu y ahora estamos en una gasolinera a medio camino entre Sancti Espiritu y Ciego de Ávila. Se acaba de poner a llover, una tormenta pasajera… vamos camino a Cayo Coco, un lugar que sospecho, porque alguien ya lo dijo, es una máquina del gobierno para hacer dinero… 

Se me ha olvidado comentar que antes de irme de casa de González su hijo se ha quedado mi Facebook y ya he llamado a Casa Martha y he hablado con Agustín para decirle que pese a que tiene mi ropa y habíamos reservado para la última noche íbamos a cambiar esa reserva y pasaríamos el día de irnos por la mañana a recoger la ropa. Nos está gustando mucho el campo y los cuatro estamos de acuerdo en que nos sobra un día en La Habana ya que el primer día nos la pateamos prácticamente entera… 

Otro detalle, mientras Raúl y yo buceábamos en la última cala, Gema y Belén estuvieron hablando con la familia de Marcos y ellas se referían a Raúl y a mi como “El Peluo” y “El Barbuo”. 

(Escribe Gema)

Continuamos el viaje hacia Morón y al llegar debatimos sobre si pasar a Cayo Coco o dormir en Morón. Al final nos inclinamos por cruzar el Pedraplén y buscar un sitio para dormir. 

El Pedraplén es una carretera que atraviesa el mar y llega hasta los Cayos. Había un cartel con una imagen de Fidel que decía: “Hay que echar piedras y mirar para adelante” 
El primer sitio que vimos era Villa Azul, nos lo recomendó el chico de la entrada al Pedraplén y nos pidió los pasaportes, al entrar no nos gustó mucho, pero paramos a preguntar. No eran muy caras pero nos echó para atrás que no tuvieran agua caliente. Y como además nadie nos pudo informar nos fuimos buscando El Sitio La Güira. 

Al llegar a La Güira, Adis nos dijo que no había cabañas disponibles, nos tomamos una cerveza y pensábamos qué hacer, si volver a Morón, ir a un todo incluido y gastarnos mucho dinero… Adis nos hizo el favor de llamar a Villa Azul y allí le dijeron que ya no quedaban habitaciones. Adis nos vio apurados y nos dijo que nos podía ofrecer unas camas del museo del campesino. Nos quedamos un poco extrañados al principio pero sin ver la habitación dijimos que sí sin dudar. El caso es que nos lo enseñaron y nos quedamos flipados. Era una casa museo de antiguos pescadores de la zona. Muy sencilla pero con dos habitaciones y una cama en cada una. Era bastante cutre y parecía incómodo, pero era lo único que había y nos lo quedamos. Todos añoramos mucho a González… 

Como ya teníamos habitación nos quedamos a cenar. Raúl por fin pudo tomar espagueti y los demás tomamos pollo. No fue muy caro cenar, lo caro fueron las cervezas y mojitos y ronponch que nos tomamos. Juan y Raúl se pusieron como Las Grecas. Se pusieron ciegos para no sentir las chinches de los colchones por la noche, y lo consiguieron. Juan solo decía cuando Raúl preguntaba qué queríamos beber, que "lo que diga Raúl, que es un hombre sabio". 

A todo esto, en la mesa de al lado había dos parejas, una de alemanes y otra de polacos. Mientras transcurría la noche fuimos hablando con ellos. Gracias a Claudio, un pollo joven que vivía en La Güira y que se había criado allí desde pollito. Nosotros (Juan) empezó a darle arroz y frijoles y Claudio venía muy confiado. Así, poco a poco vino más y más y al final acabamos cogiéndole en brazos.
Los brazos que más le gustaron a Claudio fueron los de Raúl. Al final de la noche acabamos hablando de política con los otros guiris y llegamos a la conclusión de que el polaco (Lucas) era un idiota y que no nos caía bien. 
Con una gran borrachera Juan y Raúl se fueron a desmayar a la casa del tío. 
Al llegar a la casa nos pusimos a investigar y vimos varias ranitas por la puerta, las sillas y el baño. Yo estaba en la habitación cuando escuché: Ayy!!! Oyyyy!!! Y me llamaron todos.
Habían descubierto a Cubito, un cachorrito que dormía en una de las habitaciones del museo. El perrito fue de habitación en habitación toda la noche...

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